Ordenar concesiones de taxis en Guanajuato: un reclamo urgente
Ordenar concesiones de taxis en Guanajuato se ha convertido en una demanda imperiosa para miles de trabajadores del volante que luchan por su supervivencia en un sector saturado de irregularidades. Los taxistas verdes, aquellos vehículos tradicionales que recorren las calles de la entidad con el permiso oficial del gobierno estatal, denuncian un rezago acumulado de más de siete mil concesiones pendientes desde hace ocho años. Esta situación no solo paraliza sus operaciones diarias, sino que también expone la ineficacia de las autoridades en materia de movilidad. En una conferencia de prensa reciente, dirigentes de la agrupación Taxistas Unidos del Estado de Guanajuato elevaron la voz para exigir un decreto gratuito de regularización, similar al implementado en 2005, que permita agilizar trámites y devolver la competitividad a este gremio olvidado.
La problemática de ordenar concesiones de taxis en Guanajuato radica en un sistema burocrático que se ha desbordado, dejando a operadores en la incertidumbre. Según los líderes sindicales, el número de concesiones activas ronda las once mil, pero la competencia desleal de más de quince mil unidades de "servicio particular" —que operan sin regulaciones estrictas— ha rebasado la capacidad del transporte tradicional. Estos vehículos, que en teoría deberían limitarse a un máximo de cinco mil según la Ley de Movilidad, circulan libremente sin cumplir con verificaciones, seguros o capacitaciones obligatorias. Los taxistas argumentan que esta laxitud no solo erosiona sus ingresos, sino que pone en riesgo la seguridad vial de los guanajuatenses, al fomentar la presencia de autos piratas y no autorizados.
El impacto económico en el gremio de taxistas
La crisis que atraviesa el sector de taxis en Guanajuato no es solo administrativa; tiene un profundo calado económico que afecta a familias enteras dependientes de este oficio. Dirigentes como Rafael Pérez, del Sindicato Álvaro Obregón, han revelado que alrededor de dos mil concesiones permanecen inactivas porque los operadores no encuentran suficiente demanda frente a la avalancha de alternativas irregulares. "Somos la caja chica del gobierno", lamentó José de Jesús Saavedra Arteaga, de la Asociación de Transportistas de Guanajuato Enrique Betanzos, al resaltar cómo el Estado recauda millones de pesos anuales de derechos por concesiones, permisos de circulación, revisiones mecánicas, pólizas de seguro y cursos de capacitación, mientras ignora a quienes evaden estos pagos.
Ordenar concesiones de taxis en Guanajuato implicaría no solo liberar el rezago burocrático, sino también equilibrar el campo de juego para el transporte regulado. Héctor Manuel Zamora Olea, de la Comisión de Taxistas Organizados del Estado de Guanajuato, detalló que, en lo que va del año, solo se han entregado dos mil de las siete u ocho mil solicitudes pendientes, a pesar de que la ley establece un plazo máximo de 180 días por trámite. Este avance, aunque bienvenido bajo la gestión del actual director de Transporte, Moisés Rangel Villagómez, y el subsecretario de Gobierno, Mario Enríquez, resulta insuficiente para contrarrestar el deterioro del sector. Los líderes sindicales insisten en que, sin una intervención decisiva, el gremio podría colapsar, dejando a decenas de miles de trabajadores en la calle.
Avances y obstáculos en la regularización de taxis
En los últimos meses, se han observado algunos progresos en el intento por ordenar concesiones de taxis en Guanajuato, pero los obstáculos persisten como una sombra sobre el futuro del transporte público. José Gilberto Moreno Fuentes, representante de la CTM, enfatizó que el taxi tradicional es el único servicio regulado y concesionado en la entidad, diferenciándolo claramente de los privados que no enfrentan las mismas cargas impositivas. Sin embargo, la proliferación de estos competidores ha reducido drásticamente la rentabilidad, obligando a muchos taxistas a reducir rutas o incluso abandonar el volante. La agrupación, que representa a sindicatos y asociaciones de 20 municipios, ha solicitado formalmente una audiencia con la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo para exponer su pliego petitorio.
La petición central gira en torno a un acuerdo gubernativo que facilite el cambio de concesionarios de manera gratuita, reviviendo el espíritu de la medida de 2005 que impulsó una regularización masiva. Este decreto no solo aliviaría el rezago, sino que también integraría al gremio en las mesas de trabajo del Congreso estatal sobre reformas a la movilidad. Los taxistas denuncian que, durante la administración anterior, el entonces director de Transporte, Jorge Valencia Gallo —condenado por solicitar sobornos a cambio de permisos—, agravó el problema, incrementando el número de expedientes atorados con retrasos de hasta diez años. Hoy, con un nuevo liderazgo, surge la esperanza de un cambio, pero la inercia burocrática y la presión de intereses externos amenazan con perpetuar el estancamiento.
La competencia desleal y la Ley de Movilidad
Uno de los pilares para ordenar concesiones de taxis en Guanajuato es la aplicación estricta de la Ley de Movilidad, un marco normativo que, en teoría, debería proteger el equilibrio entre servicios regulados y privados. Sin embargo, las autoridades han sido criticadas por su permisividad, permitiendo que autos no autorizados inunden las vialidades sin control. Zamora Olea advirtió que, de cumplirse la ley, el número de unidades particulares se reduciría drásticamente, devolviendo viabilidad al taxi verde. Esta competencia desleal no solo afecta la economía local, sino que también genera tensiones sociales en un estado donde el transporte es vital para la conectividad diaria de la población.
Los dirigentes han documentado casos donde taxistas tradicionales pagan hasta por prórrogas de vehículos y tarjetones anuales, mientras sus rivales operan en la informalidad. Esta disparidad ha llevado a una crisis profunda, con denuncias de sobrecargos que convierten al gremio en un "ente recaudador" involuntario para el gobierno. Gerardo Carpio Gómez y Gilberto Moreno, en su intervención, subrayaron la necesidad de políticas que fomenten la inclusión y la equidad, evitando que el sector se convierta en un campo de batalla desigual. Ordenar concesiones de taxis en Guanajuato, por tanto, no es solo un tema técnico; es una cuestión de justicia social que demanda atención inmediata de las autoridades estatales.
La relevancia de este reclamo trasciende las fronteras de Guanajuato, reflejando desafíos similares en otras entidades mexicanas donde el transporte informal gana terreno a costa del regulado. Expertos en movilidad urbana coinciden en que, sin medidas como las solicitadas por los taxistas, el caos vial se agravará, impactando la economía local y la calidad de vida de los ciudadanos. En este contexto, la voz de los trabajadores del volante cobra fuerza, recordando que su labor no solo genera empleo, sino que sostiene la movilidad esencial en comunidades de todos los tamaños.
En las últimas semanas, reportes de medios locales como A.M. han dado eco a estas demandas, destacando la conferencia de prensa donde los líderes expusieron su situación con datos concretos y testimonios directos. Fuentes sindicales consultadas en privado mencionan que, aunque hay avances bajo la actual administración, la presión ciudadana será clave para acelerar el proceso. De igual modo, publicaciones especializadas en transporte han analizado el rezago como un síntoma de políticas obsoletas, sugiriendo que un decreto de regularización podría servir de modelo para otros estados.
Finalmente, el llamado a ordenar concesiones de taxis en Guanajuato resuena como un grito de auxilio de un sector que, pese a su contribución histórica, se siente marginado. Mientras las discusiones en el Congreso avanzan, los taxistas esperan que la gobernadora no los deje en el olvido, como lo hicieron administraciones pasadas.


