CoDi, el sistema de pagos electrónicos impulsado por el Banco de México, cumple seis años de existencia este 30 de septiembre de 2025, pero su adopción sigue siendo un desafío pendiente en el panorama financiero nacional. Lanzado en septiembre de 2019 con grandes expectativas, CoDi prometía revolucionar las transacciones cotidianas al eliminar intermediarios y reducir el uso del efectivo, permitiendo transferencias instantáneas a través de códigos QR. Sin embargo, las cifras revelan un crecimiento modesto que contrasta con las proyecciones iniciales, destacando barreras como la resistencia bancaria y la competencia emergente. En un contexto donde la digitalización financiera es clave para la inclusión económica, este mecanismo sigue posicionándose como una herramienta esencial, aunque su penetración en la sociedad mexicana permanece limitada.
Evolución de CoDi: de la promesa a la realidad
Desde su implementación, CoDi se diseñó para operar sobre los rieles del Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI), garantizando seguridad y rapidez en las operaciones. El objetivo era claro: fomentar una economía más digital y accesible, especialmente para segmentos poblacionales con menor acceso a servicios bancarios tradicionales. En su primer año, se estimaba alcanzar 18.1 millones de usuarios y cerca de 28 millones de transferencias, cifras que se verían impulsadas por la gratuidad del servicio y su integración en apps móviles de las instituciones financieras.
A septiembre de 2025, las estadísticas oficiales del Banco de México muestran 21.8 millones de cuentas validadas, un incremento de apenas tres millones respecto a las metas para 2020. En cuanto a las transacciones, se han registrado solo 17.8 millones de operaciones en total, lejos de los 37 millones proyectados para el período inicial. El volumen acumulado asciende a 16,720 millones de pesos, con un promedio por transacción de 875 pesos en días hábiles y 811 en fines de semana. Estos datos subrayan que, pese a su potencial en pagos electrónicos, CoDi no ha logrado la masificación esperada, influido por factores como la pandemia de COVID-19 y hábitos arraigados en el uso de efectivo.
Participación bancaria en el ecosistema CoDi
La distribución de usuarios revela una concentración en ciertas instituciones. BBVA México lidera con el 59% de las cuentas validadas, seguido por BanCoppel con el 14% y Banamex con el 12%, mientras que el resto de entidades financieras comparte el 15% restante. Esta dominancia de grandes bancos sugiere que la promoción interna juega un rol crucial en la adopción de CoDi. Grandes comercios como Liverpool, Sanborns, Soriana, Telcel, Chedraui, Comercial Mexicana, Coppel, Telmex, Farmacias del Ahorro y Pepsico ya integran el sistema, facilitando pagos en puntos de venta físicos y en línea. No obstante, la visibilidad limitada en campañas publicitarias ha frenado su expansión retail.
Expertos en fintech señalan que la simplicidad de CoDi —requiere solo una cuenta bancaria y escaneo de QR— lo hace ideal para microtransacciones diarias, desde compras en mercados locales hasta remesas familiares. Sin embargo, la baja frecuencia de uso, con un promedio de menos de una operación por cuenta validada al año, indica que muchos usuarios lo registran pero no lo incorporan a su rutina. En este sentido, la interoperabilidad con SPEI asegura transferencias en segundos, 24/7, sin costos adicionales, posicionando a CoDi como un pilar de los pagos electrónicos en México.
Barreras y críticas: ¿Por qué CoDi no despega?
Una de las voces más resonantes sobre el estancamiento de CoDi proviene del ámbito gubernamental. La presidenta Claudia Sheinbaum, en una de sus conferencias matutinas recientes, criticó abiertamente la actitud de los bancos hacia este sistema. "En México hay uno que hizo el Banco de México hace tiempo que es el CoDi, pero no se usa porque los bancos no quieren que se use, la verdad. Porque la banca cobra muchas comisiones y el CoDi no cobra comisiones y debería ser promovido por la propia banca", declaró, subrayando cómo los intereses comerciales frenan la innovación inclusiva. Esta perspectiva resalta un conflicto inherente entre rentabilidad bancaria y beneficio social, donde los pagos electrónicos gratuitos como CoDi amenazan modelos de ingresos tradicionales.
Comparación con alternativas: El auge de DiMo
En 2023, el Banco de México introdujo DiMo (Dinero Móvil), una variante de pagos electrónicos que simplifica aún más el proceso al usar solo el número telefónico, eliminando la necesidad de QR. A junio de 2024, DiMo contaba con 9 millones de cuentas registradas, un crecimiento acelerado que contrasta con el ritmo de CoDi. Aunque ambos sistemas comparten la base SPEI, DiMo apela a usuarios más jóvenes y tech-savvy, integrándose seamless en wallets digitales. Esta competencia interna podría catalizar mejoras en CoDi, como actualizaciones en usabilidad o incentivos para merchants, fomentando una mayor adopción de pagos electrónicos en general.
La resistencia no solo es bancaria; factores culturales y de confianza también pesan. En México, donde el 40% de la población adulta permanece sin cuenta bancaria según datos recientes, la educación financiera es clave. Iniciativas gubernamentales podrían impulsar talleres comunitarios o alianzas con comercios locales para demostrar el valor de CoDi en escenarios reales, como pagos en tianguis o servicios informales.
El modelo internacional: Lecciones del Pix brasileño
Mirando más allá de las fronteras, el caso de Pix en Brasil ofrece un contrapunto inspirador. Lanzado en 2020, un año después de CoDi, este sistema de pagos electrónicos instantáneos se volvió obligatorio para bancos y entidades, resultando en más de 175 millones de usuarios y la participación de 900 instituciones. Según reportes de Nu, el neobanco brasileño, Pix ha transformado la economía, reduciendo el efectivo en un 30% y habilitando transacciones por valor de billones de reales. Su éxito radica en regulaciones estrictas que obligan a la promoción activa, contrastando con la voluntariedad en México.
Oportunidades para masificar CoDi en México
En México, el potencial de CoDi permanece intacto, especialmente con el repunte post-pandemia en banca digital. Fintechs como STP, especializadas en tecnología de pagos, ven en las condiciones actuales —mayor penetración de smartphones y regulaciones fintech amigables— una ventana para consolidar CoDi. Propuestas incluyen integración con superapps o campañas masivas en redes sociales, enfocadas en PYMES que podrían ahorrar en comisiones. Además, la expansión de pagos electrónicos podría alinearse con metas de sostenibilidad, al reducir impresiones de recibos y logística de efectivo.
A medida que Colombia avanza con Bre-B, un clon de Pix lanzado este año y respaldado por Nu, México podría aprender de estos modelos híbridos. Bre-B enfatiza la inclusión rural, un área donde CoDi podría diferenciarse al adaptarse a contextos locales, como transferencias en comunidades indígenas.
Hacia un futuro de pagos electrónicos inclusivos
El camino de CoDi ilustra los retos de transitar hacia una economía cashless en un país diverso como México. Con seis años de datos acumulados, el Banco de México tiene una base sólida para iterar, quizás incorporando biometría o compatibilidad con criptoactivos en el horizonte. La clave reside en equilibrar innovación con accesibilidad, asegurando que los pagos electrónicos no queden reservados para élites urbanas.
En este sentido, el diálogo entre gobierno, reguladores y sector privado es vital. Declaraciones como las de la presidenta Sheinbaum podrían catalizar políticas que incentiven el uso, como deducciones fiscales para transacciones digitales o subsidios para adopción en zonas marginadas. Mientras tanto, el crecimiento de DiMo sugiere que la demanda por simplicidad existe; solo falta canalizarla hacia CoDi.
Finalmente, analistas coinciden en que, con ajustes estratégicos, CoDi podría emular éxitos como Pix, impulsando un ecosistema donde los pagos electrónicos sean norma. Datos del Banco de México, actualizados a junio de 2024, respaldan esta visión, mostrando un incremento gradual en validaciones que, aunque lento, indica potencial latente. Reportes de fintechs como STP y declaraciones oficiales de Banxico pintan un panorama donde la perseverancia podría rendir frutos, posicionando a México como líder regional en innovación financiera.

