Paro en la UNAM ha paralizado 11 planteles universitarios en medio de una ola de violencia que incluye un fatal ataque en el CCH Sur y amenazas de bomba, generando indignación entre estudiantes y autoridades. Este paro en la UNAM, iniciado como respuesta inmediata a los incidentes ocurridos en la última semana de septiembre de 2025, refleja la creciente preocupación por la seguridad en los campus de la máxima casa de estudios de México. La comunidad universitaria, desde preparatorias hasta facultades, ha suspendido actividades académicas para exigir medidas concretas contra la inseguridad que azota sus espacios educativos.
El detonante principal del paro en la UNAM fue el ataque perpetrado el 22 de septiembre en el Colegio de Ciencias y Humanidades plantel Sur (CCH Sur). Un alumno, identificado como Lex Ashton, ingresó al plantel alrededor de las 2 de la tarde y agredió con un arma blanca a Jesús Israel Hernández, un estudiante que lamentablemente perdió la vida en el lugar. Este suceso, que conmocionó a toda la institución, no solo dejó un vacío irreparable en la familia y amigos de la víctima, sino que también expuso las vulnerabilidades en los protocolos de seguridad de los planteles. Testigos describieron escenas de pánico mientras personal médico y de seguridad intentaban asistir al joven, pero la rapidez del ataque impidió cualquier intervención oportuna. El paro en la UNAM se extendió rápidamente como un llamado colectivo a la acción, uniendo a miles de alumnos en una demanda unificada por entornos educativos libres de violencia.
Incidentes de violencia que catalizaron el paro en la UNAM
No fue un evento aislado lo que impulsó el paro en la UNAM, sino una cadena de sucesos que evidencian un patrón alarmante de inseguridad en los planteles. Dos días después del ataque en CCH Sur, el 24 de septiembre, la Escuela Nacional Preparatoria Número 6 (ENP 6) enfrentó una amenaza de bomba que obligó a la evacuación inmediata de cientos de estudiantes y profesores. Las autoridades activaron protocolos de emergencia, y aunque la amenaza resultó ser falsa, el impacto psicológico fue devastador, dejando a la comunidad en un estado de alerta constante. Este tipo de incidentes, combinados con el paro en la UNAM, subrayan la necesidad urgente de fortalecer la vigilancia y los sistemas de respuesta en todos los niveles educativos.
Otro episodio que avivó las protestas fue la riña masiva reportada el 25 de septiembre frente a la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán. Imágenes difundidas en redes sociales mostraron a grupos de jóvenes enzarzados en una confrontación violenta, con golpes y forcejeos que escalaron hasta la intervención policial. Como resultado, tres personas fueron detenidas por las autoridades locales, pero el daño ya estaba hecho: el paro en la UNAM ganó aún más adeptos, con estudiantes argumentando que estas riñas no son meros altercados juveniles, sino síntomas de un deterioro en el control de los accesos y la mediación de conflictos dentro de los campus. La FES Acatlán, conocida por su diversidad estudiantil, se convirtió en un símbolo de cómo la violencia externa puede infiltrarse en los espacios académicos, amenazando el derecho fundamental a una educación segura.
Planteles afectados por el paro en la UNAM
El alcance del paro en la UNAM es impresionante, involucrando a 11 planteles que representan una porción significativa de la oferta educativa de la universidad. Entre las preparatorias y colegios de bachillerato en paro total se encuentran el CCH Oriente, CCH Azcapotzalco, Preparatoria 2 y Preparatoria 5. Estos centros, que atienden a miles de jóvenes de la Ciudad de México y el área metropolitana, han cerrado sus puertas temporalmente, suspendiendo clases presenciales y actividades extracurriculares hasta que se atiendan las demandas de seguridad.
En el nivel superior, facultades clave como Filosofía y Letras, Trabajo Social, Enfermería y Obstetricia, Artes y Diseño, Ciencias Políticas y Sociales, Ciencias en modalidad activa, Música y FES Aragón han adherido al paro en la UNAM. En estos planteles, las actividades se han reducido drásticamente, con asambleas permanentes y piquetes informativos que impiden el normal desarrollo de las jornadas académicas. La FES Aragón, por ejemplo, reportó una participación masiva de estudiantes, quienes bloquearon accesos principales para visibilizar su pliego petitorio. Este paro en la UNAM no solo afecta la rutina diaria de los alumnos, sino que también impacta en la investigación y los servicios que la universidad brinda a la sociedad, destacando la interconexión entre la seguridad estudiantil y el funcionamiento integral de la institución.
Demandas estudiantiles y respuesta institucional al paro en la UNAM
Los estudiantes involucrados en el paro en la UNAM han elevado sus voces en un pliego petitorio claro y contundente, que incluye la instalación de más cámaras de vigilancia, capacitación obligatoria en resolución de conflictos para el personal administrativo y la creación de un fondo de emergencia para víctimas de violencia en campus. El 24 de septiembre, cientos de alumnos y padres de familia marcharon desde el CCH Sur hasta la Rectoría de la UNAM, un trayecto cargado de simbolismo que culminó con el descenso del asta bandera y un minuto de silencio en honor a Jesús Israel Hernández. Esta movilización pacífica, aunque emotiva, subrayó la determinación de la comunidad para no tolerar más incidentes.
En respuesta al paro en la UNAM, las autoridades universitarias convocaron una mesa de diálogo el mismo 24 de septiembre en el auditorio del CCH Sur. Representantes de la rectoría, directores de planteles y líderes estudiantiles se reunieron para discutir las propuestas, aunque las negociaciones se extendieron hasta altas horas de la noche sin un acuerdo inmediato. El rector Leonardo Lomelí emitió un mensaje público condenando el ataque en CCH Sur y prometiendo acciones concretas, como el refuerzo de patrullajes conjuntos con la policía metropolitana. Sin embargo, los manifestantes critican que estas medidas sean reactivas y no preventivas, insistiendo en que el paro en la UNAM continuará hasta ver cambios tangibles.
La violencia en planteles universitarios no es un fenómeno nuevo en México, pero el paro en la UNAM de 2025 ha cobrado una relevancia particular por su escala y el contexto de una sociedad que demanda educación sin miedos. Expertos en seguridad educativa señalan que factores como el hacinamiento en algunos campus y la porosidad de los perímetros contribuyen a estos riesgos, recomendando inversiones en tecnología y psicología escolar. Mientras tanto, el paro en la UNAM ha inspirado solidaridad en otras universidades, como la UAM y el IPN, donde se han organizado foros sobre prevención de la violencia.
En los días previos al paro en la UNAM, reportes de medios locales como el de Hakbar Juárez en ADN40 detallaban cómo el ataque en CCH Sur se sumaba a una serie de alertas ignoradas, basadas en quejas estudiantiles acumuladas desde meses atrás. Asimismo, observadores independientes han mencionado en sus análisis que la amenaza de bomba en la ENP 6 podría vincularse a tensiones internas no resueltas, según lo que se ha filtrado en asambleas informales. Finalmente, el incidente en FES Acatlán fue cubierto por testigos que compartieron con periodistas de TV Azteca las dinámicas que precedieron a la riña, enfatizando la urgencia de intervenciones tempranas.


