Hernán Bermúdez: ascenso criminal bajo política

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Hernán Bermúdez Requena, conocido como "El Abuelo", representa el oscuro entramado entre el poder político y el crimen organizado en México. Su trayectoria, que comenzó como un operador discreto en campañas electorales, se transformó rápidamente en una carrera criminal rampante, protegida por influyentes figuras del gobierno. En un contexto donde la corrupción permea las instituciones, Bermúdez emergió como un ejemplo alarmante de cómo el amparo político fomenta el delito. Desde sus inicios en Tabasco, su nombre ha sido sinónimo de violencia, extorsión y control territorial, cuestionando la integridad de las estructuras de seguridad pública.

Orígenes políticos de Hernán Bermúdez

La historia de Hernán Bermúdez se remonta a 2018, cuando fue reclutado por Adán Augusto López, entonces candidato a la gubernatura de Tabasco por Morena, para manejar la logística de la campaña. En ese momento, Bermúdez parecía un simple colaborador, pero pronto se vio envuelto en acuerdos ilícitos. Testimonios revelan que sostuvo reuniones con líderes criminales locales, como el apodado “Pelón de Playa”, para asegurar que no hubiera interrupciones violentas durante los comicios. Esta colaboración inicial no fue un mero favor; fue el primer paso hacia su integración en la organización delictiva “La Barredora”, un grupo que operaba en las sombras de la política tabasqueña.

Bajo el ala de Adán Augusto López, quien asumió la gubernatura en 2019, Bermúdez escaló posiciones con una velocidad impresionante. Su lealtad al régimen le abrió puertas en las filas de la seguridad estatal. Sin embargo, lo que parecía un ascenso legítimo ocultaba un doble juego: mientras fingía servir al interés público, tejía redes de corrupción que beneficiaban directamente a su agenda criminal. Este patrón, donde funcionarios públicos se convierten en facilitadores del narco, no es aislado en México, pero el caso de Bermúdez destaca por su audacia y las conexiones de alto nivel que lo respaldaron.

La transformación en líder de La Barredora

Para finales de 2018, Hernán Bermúdez ya no era solo un operador político; había asumido el mando de “La Barredora”, una célula criminal dedicada al control de plazas en Tabasco. Esta organización, nacida de alianzas oportunistas durante las elecciones, se especializó en actividades como el robo de combustible, conocido como huachicol, y el narcomenudeo. Bermúdez, con su experiencia en logística, reorganizó las operaciones para maximizar ganancias, imponiendo cuotas semanales de hasta dos millones de pesos a sus subalternos. Esta estructura piramidal le permitió expandir su influencia más allá de Villahermosa, la capital tabasqueña, donde la violencia se intensificó como consecuencia de sus disputas territoriales.

Nombramientos clave y reclutamiento ilícito

En 2019, tras la victoria electoral de Morena en Tabasco, Bermúdez recibió su primer cargo oficial: director de la Policía de Investigación. Desde esta posición estratégica, reclutó a figuras como Ulises Pinto, un operador que le propuso diversificar sus ingresos ilícitos. Pinto no solo lo introdujo en el huachicol, sino que lo conectó con otros criminales notorios, como Daniel Hernández Montejo, alias “Prada”, y Gabriel Gómez Vázquez, alias “Indeco”. Estas alianzas fortalecieron “La Barredora”, convirtiéndola en una fuerza dominante en el bajo mundo de Tabasco. Bermúdez utilizó recursos estatales para proteger sus operaciones, desviando investigaciones y amedrentando a rivales.

El clímax de su ascenso llegó el 11 de diciembre de 2019, cuando fue nombrado secretario de Seguridad y Protección Ciudadana. Este puesto le otorgó control absoluto sobre las fuerzas policiales del estado, permitiéndole orquestar capturas selectivas que beneficiaban su agenda. Una de sus primeras acciones fue la detención de “Pelón de Playa”, su antiguo aliado, lo que desató una espiral de venganzas y balaceras en Villahermosa. La violencia resultante dejó decenas de víctimas y expuso las grietas en el sistema de seguridad, donde un funcionario supuestamente protector se convertía en el principal depredador.

Impacto de la carrera criminal de Hernán Bermúdez

La influencia de Hernán Bermúdez en Tabasco no se limitó a lo económico; generó un clima de terror que permeó la sociedad. Bajo su mando, “La Barredora” repartió territorios entre sus leales, exigiendo pagos fijos por la “protección” de actividades ilegales. El narcomenudeo floreció en barrios marginados, mientras el huachicol drenaba recursos federales destinados a Pemex. Críticos señalan que este modelo de colusión entre política y crimen es un reflejo del debilitamiento institucional bajo administraciones de Morena, donde la impunidad se normaliza. Bermúdez, con su doble rostro de servidor público y capo, encarna el fracaso de políticas de seguridad que priorizan lealtades partidistas sobre la justicia.

Consecuencias en la seguridad pública

En 2020, con la pandemia azotando al país, Bermúdez intensificó sus operaciones, aprovechando el caos para expandir el control de “La Barredora”. Reportes indican que sus células criminales infiltraron hasta agencias federales, complicando esfuerzos de detención. La ola de violencia en Villahermosa, marcada por ejecuciones y extorsiones, obligó a despliegues de la Guardia Nacional, pero estos fueron insuficientes ante la protección política que Bermúdez disfrutaba. Su caso ilustra cómo el amparo de figuras como Adán Augusto López, cercano al círculo de la Presidencia, permite que criminales prosperen en las sombras del poder ejecutivo.

El legado de Hernán Bermúdez trasciende Tabasco, sirviendo como advertencia nacional sobre los riesgos de la politización de la seguridad. Mientras el gobierno federal promueve narrativas de transformación, casos como este revelan una realidad cruda: la corrupción rampante erosiona la confianza ciudadana y fomenta la impunidad. Investigaciones recientes, basadas en documentos judiciales accesibles a través de filtraciones periodísticas, subrayan la necesidad de reformas profundas en las secretarías de Estado. En Tabasco, comunidades enteras viven bajo el yugo de estos grupos, donde el huachicol no solo roba combustible, sino también esperanzas de un futuro pacífico.

Fuentes especializadas en periodismo investigativo, como aquellas que han revisado solicitudes de aprehensión en tribunales federales, coinciden en que el ascenso de Bermúdez no fue casualidad, sino resultado de un sistema viciado. Reportajes detallados de medios independientes han documentado estas conexiones, recordándonos que la vigilancia ciudadana es clave para desmantelar tales redes. Al final, la historia de “El Abuelo” nos invita a cuestionar no solo a los ejecutores, sino a las estructuras que los cobijan, en un México que aún lucha por equilibrar política y justicia.