OCDE mejora previsiones para la economía mexicana en 2025 y 2026 con un pronóstico optimista que refleja una ralentización menos severa de lo esperado. Este ajuste al alza en las proyecciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) llega en un momento clave, marcado por las tensiones comerciales globales derivadas de las políticas arancelarias impulsadas por el gobierno de Estados Unidos bajo Donald Trump. La OCDE, en su informe interino de Perspectivas Económicas publicado este 23 de septiembre de 2025, eleva sus estimaciones para el crecimiento del producto interno bruto (PIB) de México, pasando de previsiones anteriores a un 0.8% para este año y un 1.3% para el siguiente. Esta revisión representa un incremento de cuatro décimas en 2025 y dos en 2026, lo que sugiere que el impacto de los aranceles en las exportaciones mexicanas podría ser más moderado de lo inicialmente temido.
La economía mexicana, altamente dependiente del comercio con su principal socio, Estados Unidos, enfrenta desafíos significativos por las barreras arancelarias que se han intensificado desde la llegada de Trump a la Casa Blanca. Sin embargo, la OCDE destaca que el repunte en las importaciones estadounidenses durante el primer trimestre de 2025, motivado por un efecto de acaparamiento preventivo, ha amortiguado parte de los efectos inmediatos. Este fenómeno permitió a empresas en ambos lados de la frontera acumular mercancías antes de que los gravámenes entraran en plena vigencia, reduciendo así la presión inicial sobre las cadenas de suministro. En este contexto, la mejora en las previsiones de la OCDE para la economía mexicana se alinea con ajustes similares en la mayoría de los países del G20, indicando un panorama global de desaceleración controlada en lugar de una recesión abrupta.
Factores clave detrás de la mejora en las previsiones de la OCDE
Entre los elementos que sustentan esta revisión positiva, la OCDE enfatiza la resiliencia de las exportaciones mexicanas, particularmente en sectores como la manufactura automotriz y la electrónica, que representan una porción sustancial del intercambio bilateral. A pesar de los aranceles, que podrían elevar los costos de producción en Estados Unidos y, por ende, afectar la demanda de bienes mexicanos, el organismo prevé que la diversificación de mercados —hacia Asia y Europa— mitigue parte del golpe. Álvaro Pereira, economista jefe de la OCDE, ha señalado en declaraciones recientes que "los grandes afectados por la política arancelaria de Trump van a ser Estados Unidos por el impacto en los costos de producción y precios al consumidor, y tanto México como Canadá por su dependencia de las exportaciones a ese país". Esta observación subraya cómo la interconexión económica regional podría forzar ajustes mutuamente beneficiosos, como renegociaciones en el marco del T-MEC.
Impacto en el crecimiento del PIB mexicano
El pronóstico de 0.8% para 2025 posiciona a México con el cuarto menor crecimiento entre los miembros del G20, solo superado por Alemania (0.3%), Francia (0.6%) e Italia (0.6%). No obstante, esta cifra es un avance respecto a las expectativas de junio, cuando la OCDE anticipaba un escenario más sombrío influido por proyecciones iniciales de inflación persistente y volatilidad en los mercados energéticos. Para 2026, el 1.3% proyectado sugiere una recuperación gradual, impulsada potencialmente por inversiones en infraestructura y reformas fiscales que el gobierno mexicano ha impulsado en los últimos meses. La economía mexicana, que en 2024 registró un robusto 2.8% de expansión antes de las turbulencias trumpianas, ahora se encamina hacia un equilibrio entre contención fiscal y estímulos selectivos.
En comparación con sus vecinos norteamericanos, México muestra una trayectoria similar pero con matices propios. Estados Unidos, epicentro de las políticas proteccionistas, verá su PIB crecer un 1.8% en 2025 y un 1.5% en 2026, un frenazo notable desde el dinamismo previo. Canadá, por su parte, se espera que avance un 1.1% este año y un 1.8% el próximo, beneficiándose de su posición en recursos naturales menos expuestos a aranceles manufactureros. La OCDE mejora previsiones para estos tres países en un contexto donde la inflación global se modera, permitiendo a los bancos centrales —incluido el Banco de México— relajar sus posturas monetarias sin riesgos descontrolados.
Desafíos persistentes para la economía mexicana
A pesar de la mejora en las previsiones de la OCDE, la economía mexicana no está exenta de riesgos. La dependencia de las exportaciones a Estados Unidos, que absorbe cerca del 80% de las ventas externas mexicanas, sigue siendo un talón de Aquiles. Los aranceles no solo encarecen los productos finales, sino que también generan incertidumbre en las inversiones extranjeras directas, vitales para el nearshoring que ha impulsado el empleo en regiones como el Bajío y el norte del país. Además, factores internos como la volatilidad en los precios del petróleo y la sequía en el sector agrícola podrían erosionar estos gains si no se abordan con políticas proactivas.
Oportunidades en medio de la incertidumbre comercial
Sin embargo, la OCDE también vislumbra oportunidades en esta coyuntura. La presión arancelaria podría acelerar la integración regional bajo el T-MEC, fomentando cadenas de valor más locales y reduciendo la vulnerabilidad a shocks externos. Para México, esto implica potenciar industrias de alto valor agregado, como la tecnología verde y la farmacéutica, donde el país ya muestra ventajas competitivas. El informe interino sugiere que, si se materializan estas tendencias, el crecimiento podría superar las proyecciones base en un escenario de diálogo bilateral constructivo. En este sentido, la mejora en las previsiones de la OCDE para la economía mexicana invita a una reflexión estratégica sobre diversificación y sostenibilidad a largo plazo.
La revisión al alza no solo beneficia a México, sino que refleja un ajuste en el pulso económico mundial. Países emergentes como Brasil e India, aunque no detallados en profundidad en el informe, se benefician indirectamente de un dólar más débil proyectado por los aranceles. En América Latina, la región podría ver un rebote moderado si las remesas —un pilar para México— se mantienen estables pese a la desaceleración en EE.UU. La OCDE, con su metodología rigurosa basada en modelos econométricos y datos en tiempo real, ofrece un mapa claro para navegantes en estas aguas turbulentas.
Mirando hacia el horizonte, la economía mexicana en 2025 y 2026 dependerá en gran medida de cómo se equilibren estos vectores. La mejora en las previsiones de la OCDE sirve como recordatorio de que, incluso en tiempos de proteccionismo, la adaptabilidad es clave. Analistas consultados en foros internacionales coinciden en que el informe de la organización, elaborado con aportes de expertos globales, pinta un cuadro realista pero esperanzador. Fuentes como el economista jefe Álvaro Pereira, en su diálogo con agencias de noticias, han enfatizado la necesidad de monitoreo continuo, mientras que reportes de EFE aportan detalles sobre el contexto bilateral que enriquecen esta visión. En última instancia, este pronóstico invita a un enfoque proactivo, donde la colaboración internacional —tal como la promovida por la OCDE— pueda transformar desafíos en catalizadores de crecimiento sostenido.

