Consolidación fiscal modesta en México marca el ritmo del Paquete Económico 2025, un ajuste que dista mucho de la ambición prometida por el gobierno federal al cierre de la administración anterior. En lugar de un recorte agresivo al déficit público, las proyecciones revelan una estabilización gradual, con un déficit estimado en 4.1% del PIB para el próximo año, lejos del 3.9% inicialmente comprometido. Esta realidad, analizada por expertos de instituciones como Franklin Templeton y Goldman Sachs, subraya las limitaciones en la gestión de las finanzas públicas, donde el gasto en infraestructura y pagos de intereses dominan el panorama. La consolidación fiscal modesta no solo refleja un cambio de prioridades, sino también los desafíos heredados de un 2024 marcado por un déficit histórico de 5.9% del PIB, justificado entonces por la finalización de megaproyectos como el Tren Maya y la refinería Dos Bocas.
El contexto de esta consolidación fiscal modesta se remonta a las promesas hechas en el Paquete Económico del año pasado, cuando el gobierno de Andrés Manuel López Obrador anunció una reducción "relativamente agresiva" del déficit para 2026. Sin embargo, los Criterios Generales de Política Económica presentados recientemente por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) ajustan esas expectativas a la baja. Ahora, el horizonte se extiende hasta 2029 para alcanzar un déficit promedio del 3% del PIB, un plazo que genera escepticismo entre analistas. Luis Gonzali, vicepresidente y codirector de inversiones de Franklin Templeton, expresó durante un webinar reciente que "no nos encantó que no se cumplirá la consolidación fiscal relativamente agresiva que nos habían vendido el año pasado". Esta declaración resalta la decepción en los mercados, donde la predictability en las políticas fiscales es clave para atraer inversión extranjera.
Desafíos en el Déficit Público y sus Implicaciones
La consolidación fiscal modesta enfrenta obstáculos significativos derivados de la volatilidad en los ingresos petroleros y el menor dinamismo en la recaudación tributaria. Según analistas de HR Ratings, el segundo semestre de 2024 mostrará un desempeño financiero menos vigoroso, con una rebaja en las estimaciones de ingresos petroleros que impacta directamente el balance fiscal. Para contrarrestar esto, el gobierno proyecta una ligera contracción en el gasto programable, pero sin reformas estructurales que impulsen la base impositiva. En este sentido, la dependencia de Pemex como fuente principal de recursos sigue siendo un talón de Aquiles, agravado por la caída en los precios internacionales del crudo y la producción interna estancada.
Además, los pagos de intereses por la deuda pública representan una carga creciente, absorbiendo hasta 0.7 puntos porcentuales del PIB en los ajustes proyectados para 2027-2028. Alberto Ramos, economista para América Latina de Goldman Sachs, desde Nueva York, enfatizó que "se necesita una reforma tributaria mayor para restar presiones al gasto y acelerar la consolidación fiscal". Sin embargo, en el actual entorno preelectoral, no se avista una iniciativa legislativa en ese frente antes de 2027, lo que perpetúa la consolidación fiscal modesta como la norma. Esta lentitud no solo afecta la eficiencia del gasto, sino también la capacidad del país para invertir en áreas prioritarias como educación y salud, donde los recortes podrían traducirse en menor cobertura social.
Riesgos para la Calificación Soberana de México
Uno de los aspectos más preocupantes de esta consolidación fiscal modesta es su potencial impacto en la calificación crediticia del país. Moody's, con perspectiva Negativa desde el año pasado, podría rebajar la nota soberana a BBB- en las próximas revisiones, alineándose con el nivel que Fitch mantiene desde 2020. Gonzali advierte que esta degradación sería un golpe para la confianza inversionista, especialmente en un momento en que el PIB crece por debajo del potencial y la inflación persiste en niveles moderados. Por su parte, Standard & Poor's y Fitch han ratificado sus calificaciones en meses recientes, pero el consenso es que la ausencia de medidas ambiciosas podría erosionar aún más la percepción de solvencia.
En el ámbito de las finanzas públicas, la consolidación fiscal modesta también resalta desigualdades regionales, donde estados dependientes de transferencias federales enfrentan presiones similares. Gobiernos locales, particularmente aquellos no alineados con Morena, critican la opacidad en la distribución de recursos, lo que complica su propio equilibrio presupuestal. Esta dinámica federalista añade capas de complejidad, ya que una reforma fiscal integral podría equilibrar mejor las cargas, pero su implementación parece lejana.
Proyecciones a Mediano Plazo y Escenarios Alternativos
Mirando hacia el futuro, la consolidación fiscal modesta se perfila como un proceso de bajo perfil, con reducciones anuales de apenas 0.2 puntos porcentuales en el déficit hasta 2026. Expertos de HR Ratings estiman que alcanzar el 3% del PIB en 2028 requeriría no solo un control estricto del gasto, sino también un repunte en los ingresos no petroleros, algo improbable sin incentivos a la formalización económica. En este escenario, la inversión extranjera directa podría estancarse, afectando sectores clave como manufactura y energías renovables.
Por otro lado, la continuidad de políticas populistas en el gasto social podría tensionar aún más el balance, aunque el gobierno actual bajo Claudia Sheinbaum insiste en mantener programas como la Pensión para Adultos Mayores sin recortes. Esta tensión entre equidad social y disciplina fiscal define el debate actual, donde la consolidación fiscal modesta actúa como un puente precario hacia la estabilidad.
Oportunidades en una Reforma Fiscal Estructural
A pesar de las limitaciones, no todo es sombrío en el panorama de la consolidación fiscal modesta. Una ventana de oportunidad se abre si se prioriza la digitalización de la recaudación, como el uso de facturación electrónica para combatir la evasión. Palabras clave como eficiencia fiscal y sostenibilidad presupuestaria emergen como pilares para un cambio genuino. Analistas sugieren que, incorporando impuestos verdes o al consumo de lujo, México podría acelerar su trayectoria sin comprometer el crecimiento inclusivo.
En los últimos meses, discusiones en foros como el de Franklin Templeton han subrayado cómo países vecinos, como Chile, han logrado avances similares mediante ajustes graduales pero consistentes. De igual modo, observaciones de Goldman Sachs en informes regionales destacan que la clave radica en la credibilidad institucional, un factor que México debe fortalecer para evitar espirales de deuda.
Finalmente, como se ha mencionado en análisis recientes de El Economista y webinars especializados, la verdadera prueba de esta consolidación fiscal modesta vendrá en la ejecución presupuestal de 2025, donde cada peso desviado podría amplificar riesgos. Expertos consultados en Nueva York coinciden en que, sin sorpresas positivas en el sector hidrocarburos, el camino será arduo, pero no imposible, siempre y cuando se escuche el eco de voces críticas desde instituciones financieras globales.

