El Salto enfrenta una investigación del Gobierno de Jalisco por graves omisiones en la gestión de desazolve tras la inundación que azotó el fraccionamiento Las Lilas el 22 de agosto, dejando a 167 familias en condiciones de vulnerabilidad extrema. Esta acción estatal busca esclarecer por qué el municipio, encabezado por la alcaldesa María Elena "Nena" Farías de Morena, no ejecutó las obras preventivas ni presentó la documentación requerida para declarar la emergencia, lo que impidió el acceso a fondos estatales destinados a desastres naturales. Además, la ausencia de un Atlas de Riesgos actualizado agrava la situación, ya que esta herramienta es fundamental para mapear zonas vulnerables y evitar tragedias similares en una región propensa a lluvias intensas.
Omisiones clave en la gestión de la inundación
La inundación en El Salto no fue un evento aislado, sino el resultado de una cadena de negligencias que el secretario general de Gobierno de Jalisco, Salvador Zamora Zamora, ha calificado como "irresponsabilidades de ese tamaño". El municipio presentó un plan de desazolve, pero nunca lo llevó a cabo, dejando canales y alcantarillas obstruidos que agravaron el colapso durante la copiosa lluvia. Esta falta de mantenimiento preventivo no solo prolongó el sufrimiento de las familias afectadas, sino que también evidenció una desconexión entre las promesas de infraestructura y la realidad en terreno. En un contexto donde Jalisco ha invertido millones en programas de mitigación de riesgos, la omisión del desazolve por parte de El Salto representa un retroceso en los esfuerzos colectivos por la seguridad hidráulica.
Zamora Zamora subrayó que el Gobierno estatal intervino de inmediato, realizando el desazolve manual, el desfogue de aguas estancadas y la evaluación de daños en menos de 48 horas. Sin embargo, el ayuntamiento local no sesionó su Comité de Emergencias Municipal, un paso obligatorio que habría facilitado la declaratoria de emergencia y el desembolso de recursos del Fondo Estatal de Desastres Naturales (FOEDEN). Esta inacción obligó al estado a reasignar fondos de una bolsa alternativa del Sistema Estatal de Apoyo a Desastres, administrada por la Secretaría del Sistema de Asistencia Social. Las 167 familias damnificadas recibirán apoyos integrales a partir de la próxima semana, cubriendo desde reparaciones en viviendas hasta suministros básicos, todo financiado por el erario estatal y no por el municipio.
La ausencia de un Atlas de Riesgos: un riesgo latente
Otro eje central de la investigación es la carencia de un Atlas de Riesgos actualizado en El Salto. Esta herramienta cartográfica, obligatoria por ley para todos los municipios mexicanos, identifica zonas de inundación, deslaves y otros peligros, permitiendo una planificación urbana informada. En El Salto, un municipio industrial con historia de contaminaciones y crecimientos desordenados, la falta de este atlas deja a la población expuesta a eventos climáticos impredecibles. Expertos en gestión de riesgos destacan que un atlas bien mantenido podría haber alertado sobre la vulnerabilidad de Las Lilas, un fraccionamiento construido en áreas de escurrimiento natural, y orientado inversiones en drenajes y diques.
La omisión del Atlas de Riesgos no es solo un tecnicismo burocrático; tiene implicaciones directas en la vida cotidiana de los habitantes. Sin mapas precisos, las autoridades locales toman decisiones a ciegas, priorizando obras cosméticas sobre intervenciones estructurales. En Jalisco, donde las lluvias torrenciales son recurrentes debido al cambio climático, esta deficiencia podría multiplicar las consecuencias de futuras tormentas. La investigación estatal evaluará si esta carencia responde a desidia administrativa o a limitaciones presupuestales, pero en cualquier caso, pone en jaque la capacidad de respuesta del ayuntamiento ante emergencias.
Impactos en las familias y la respuesta estatal
Las familias de Las Lilas, muchas de ellas de bajos recursos y dependientes de empleos en las zonas industriales cercanas, sufrieron pérdidas materiales significativas: muebles arruinados, electrodomésticos inservibles y estructuras de viviendas comprometidas. La inundación no solo destruyó bienes, sino que generó traumas colectivos, con niños y adultos evacuados en medio de la noche bajo agua hasta las rodillas. El Gobierno de Jalisco, consciente de esta urgencia, ha priorizado la cuantificación de daños para entregar apoyos personalizados, incluyendo kits de limpieza, despensas y asesoría técnica para reconstrucciones seguras.
Salvador Zamora Zamora ha sido enfático al afirmar que esta no es una cuestión de golpeteo político entre el estado, gobernado por Movimiento Ciudadano, y el municipio de Morena. "Se trata de un compromiso con la gente que resultó afectada", declaró, cuestionando directamente la ausencia de la alcaldesa Farías durante los momentos críticos de la contingencia. ¿Dónde estaba la primera autoridad municipal cuando se necesitaba liderazgo en sitio? Esta pregunta resuena en un panorama donde la coordinación intergubernamental es vital para la resiliencia. El municipio, por su parte, instaló un comedor comunitario y brindó apoyos iniciales, pero su solicitud de prórroga para entregar documentación fue rechazada, ya que las reglas permiten solo 72 horas post-evento.
Consecuencias legales y lecciones para la prevención
La investigación contra El Salto podría derivar en sanciones administrativas, multas o incluso intervenciones directas del estado en la gestión de riesgos municipales. Bajo la Ley General de Protección Civil, los ayuntamientos están obligados a mantener actualizados sus planes de contingencia, y el incumplimiento podría escalar a instancias federales. Este caso ilustra las tensiones entre niveles de gobierno en México, donde la descentralización choca con realidades locales de capacidad limitada. En El Salto, con su legado de conflictos ambientales como la contaminación del Río Santiago, la necesidad de un enfoque integral es imperativa.
Para mitigar futuros desastres, expertos recomiendan no solo actualizar el Atlas de Riesgos, sino integrar tecnología como sensores de alerta temprana y campañas de educación comunitaria. Jalisco, con su geografía diversa, ha visto un aumento del 30% en eventos hidrometeorológicos en la última década, según datos estatales. La omisión del desazolve y la falta de preparación en El Salto sirven como recordatorio de que la prevención es más económica que la reconstrucción. Comunidades como Las Lilas merecen administraciones proactivas que anticipen, en lugar de reaccionar.
En el marco de esta contingencia, vale la pena mencionar que detalles sobre las omisiones en el desazolve y la gestión de la inundación han sido ampliamente cubiertos en reportajes locales, como los que circulan en medios regionales que siguen de cerca la dinámica entre el estado y los municipios. Asimismo, la ausencia de un Atlas de Riesgos actualizado ha sido un tema recurrente en análisis de protección civil, con referencias a normativas federales que exigen su mantenimiento periódico. Finalmente, las declaraciones de Salvador Zamora Zamora sobre el compromiso estatal con las familias afectadas se alinean con informes oficiales del Gobierno de Jalisco, que documentan intervenciones similares en otras zonas vulnerables.


