Banxico ha iniciado un ciclo de recortes en su política monetaria que genera preocupación entre expertos, al considerarse prematuro ante la persistencia de la inflación por encima del objetivo. Esta decisión del Banco de México, que ha bajado la tasa de referencia de 11.25% a 7.75% en solo unos meses, pone en riesgo la estabilidad económica del país, según análisis de consultoras internacionales. La inflación general se mantiene en torno al 3.57% en agosto de 2024, mientras que la subyacente ha repuntado a 4.2%, lo que sugiere que el relajamiento monetario podría avivar presiones inflacionarias en lugar de contenerlas.
Razones detrás del relajamiento prematuro de Banxico
La Junta de Gobierno de Banxico justificó estos movimientos citando la debilidad económica prolongada, con un crecimiento del PIB de apenas 0.9% en el primer semestre de 2024, el más bajo en cinco años desde la pandemia. Sin embargo, críticos como Alfredo Coutiño, director para América Latina en Moody’s Analytics, argumentan que esta aceleración en el retiro del freno monetario ignora la falta de convergencia inflacionaria. Desde febrero hasta agosto de 2024, se implementaron cinco recortes, cuatro de ellos de 50 puntos base cada uno, llevando las condiciones monetarias a solo 25 puntos base por encima del territorio neutral. Esto implica que un nuevo ajuste en septiembre podría cruzar esa línea, con una tasa real ex ante de 4%, calculada restando la expectativa de inflación a 12 meses (3.75%) a la nominal actual.
El contexto de esta política monetaria en México revela un dilema: equilibrar el estímulo al crecimiento con el control de precios. Mientras el mercado anticipa una inflación cercana al 4% para el resto del año, Banxico parece priorizar la evitación de una recesión, aunque datos del Inegi muestran que la desaceleración económica no ha traducido en una baja sostenida de la inflación. Expertos coinciden en que este enfoque podría ser contraproducente si no se materializa una recuperación robusta.
Impacto de la inflación subyacente en la decisión de Banxico
La inflación subyacente, que excluye volatilidades como alimentos y energéticos, es un indicador clave para evaluar la solidez de las medidas de Banxico. Al cierre de 2023, se ubicaba en 3.7%, pero ha escalado a 4.2% en los últimos dos meses de 2024, reflejando presiones estructurales en servicios y bienes importados. Pamela Díaz Loubet, economista para México en BNP Paribas, explica que la tasa neutral —entre 1.80% y 3.40%— solo se alcanza cuando la inflación está en el 3% objetivo y el PIB crece a su potencial del 2%. Con la política monetaria actual rozando ese umbral, cualquier rebote inflacionario podría forzar un giro abrupto, similar a lo visto en ciclos pasados.
En este escenario, el relajamiento prematuro de Banxico no solo acelera el riesgo de sobrecalentamiento, sino que también expone vulnerabilidades en la cadena de suministro global, afectada por tensiones geopolíticas. La economía mexicana, dependiente de exportaciones manufactureras, podría ver erosionada su competitividad si las tasas bajas no estimulan inversión genuina, sino solo consumo temporal.
Consecuencias económicas de los recortes en Banxico
Los recortes en la tasa de interés han inyectado liquidez al sistema financiero, beneficiando a sectores como la construcción y el consumo minorista, pero a costa de una posible burbuja en activos. El análisis de Moody’s Analytics indica que esta política monetaria en México podría extender la debilidad económica si no se acompaña de reformas fiscales que impulsen la productividad. Dos años consecutivos de desaceleración en el primer semestre —con un crecimiento acumulado por debajo del 1% anualizado— subrayan la urgencia de un enfoque más cauteloso.
Estrategias para mitigar riesgos en la política monetaria
Para contrarrestar los efectos del relajamiento prematuro de Banxico, se recomienda una vigilancia estricta de indicadores adelantados como el PMI manufacturero y el índice de confianza del consumidor. Si la inflación no converge hacia el 3% en los próximos trimestres, la Junta podría necesitar pausar recortes o incluso revertirlos, aunque esto generaría volatilidad en los mercados. En paralelo, el gobierno federal podría complementar con políticas de gasto público focalizadas en infraestructura, evitando expansiones que alimenten la demanda agregada sin control.
La intersección entre política monetaria y fiscal es crucial en economías emergentes como la de México. Banxico, como banco central autónomo, debe navegar presiones políticas sin comprometer su mandato principal: la estabilidad de precios. Datos históricos muestran que ciclos de relajamiento prematuro, como el de 2017, llevaron a ajustes correctivos dolorosos, con subidas de tasas que frenaron el crecimiento por encima del 3%.
Perspectivas futuras para la economía mexicana
Mirando hacia adelante, el consenso de analistas proyecta un crecimiento del PIB de 1.5% para 2024, por debajo de las expectativas iniciales del 2.5%, lo que valida en parte la urgencia de Banxico por estimular. No obstante, el riesgo de recesión técnica —definida como dos trimestres consecutivos de contracción— se eleva si el consumo interno no repunta. La política monetaria en México, por ende, requiere un balance delicado: recortes graduales que apoyen la recuperación sin sacrificar la credibilidad antiinflacionaria.
En este panorama, la dependencia de remesas y exportaciones a Estados Unidos añade complejidad, ya que una desaceleración en la economía norteamericana podría amplificar los efectos negativos del relajamiento prematuro de Banxico. Inversionistas internacionales observan de cerca estas decisiones, ya que impactan en el tipo de cambio y la prima de riesgo soberano.
La evolución de la inflación subyacente será el termómetro definitivo. Si persiste por encima del 4%, Banxico enfrentará críticas por su timing, potencialmente erosionando la confianza en su independencia. Economistas como Coutiño advierten que entrar en territorio neutral sin anclaje inflacionario podría prolongar la volatilidad, recordando episodios donde la política monetaria laxa exacerbó ciclos viciosos.
En discusiones recientes con analistas de Moody’s, se ha enfatizado que la trayectoria de Banxico debe priorizar datos duros del Inegi sobre proyecciones optimistas. De igual modo, observadores en BNP Paribas han destacado en informes internos la importancia de calibrar la tasa neutral con modelos econométricos actualizados, evitando sesgos retrospectivos. Estas perspectivas, compartidas en foros especializados, subrayan la necesidad de un monitoreo continuo para ajustar el rumbo de la política monetaria en México.

