Vecinos de Tepozanes en riesgo a 8 años de sismos

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Tepozanes sigue siendo un recordatorio vivo de la vulnerabilidad urbana en México, donde los sismos de 2017 dejaron cicatrices que no han sanado. En la unidad habitacional Tepozanes, ubicada en el municipio de Los Reyes La Paz, Estado de México, más de 200 familias continúan viviendo en condiciones precarias, rodeados de edificios inclinados, grietas profundas y separaciones estructurales que alcanzan hasta un metro. A ocho años de aquellos temblores que sacudieron el Valle de México, la palabra clave en las conversaciones diarias de los residentes es el miedo constante a un nuevo colapso, un temor que se intensifica cada septiembre, cuando la tierra parece conspirar contra la estabilidad.

La unidad habitacional Tepozanes, construida hace décadas con créditos del Infonavit, fue diseñada para ofrecer un hogar accesible a familias trabajadoras cercanas al metro Santa Martha. Sin embargo, los eventos sísmicos de septiembre de 2017 transformaron este espacio en un laberinto de riesgos. Los temblores causaron movimientos en toda la estructura, dejando departamentos inhabitables y fachadas que se separan como heridas abiertas. Hoy, los vecinos navegan por banquetas desprendidas y estacionamientos con desniveles que recuerdan la fragilidad del terreno. "En toda la unidad hubo movimiento", relata Karla, una joven de 28 años que vive en el edificio 6, uno de los más afectados, junto a sus padres y su hija en un departamento del segundo piso.

Daños persistentes en la unidad habitacional Tepozanes

Los daños en Tepozanes no se limitan a grietas superficiales; son estructurales y profundos. En 2019, tres edificios fueron declarados como pérdida total por las autoridades, obligando a la reubicación de muchas familias. Sin embargo, no todas recibieron apoyo inmediato. Algunos residentes, aferrados a su patrimonio, improvisaron refuerzos con vigas de acero para evitar el derrumbe total. "Ya los departamentos estaban casi derrumbados, por eso los vecinos pusieron esa parte como soporte", explica Karla, destacando cómo la desesperación colectiva suplió la ausencia de intervenciones oficiales. Esta medida temporal ha permitido que la vida continúe, pero no elimina el riesgo latente de que un nuevo sismo acelere el colapso.

La inestabilidad del suelo en Los Reyes La Paz agrava la situación. Estudios previos han señalado que el terreno en esta zona del Estado de México es propenso a amplificar las ondas sísmicas, un factor que no se consideró suficientemente en la construcción original. Como resultado, los edificios en Tepozanes no solo se inclinaron, sino que se separaron unos de otros, creando brechas que permiten filtraciones de agua y debilitan aún más las fundaciones. Cada lluvia o vibración menor —incluso el paso de un camión pesado— genera alertas entre los habitantes, quienes han aprendido a interpretar estos signos como presagios de peligro.

Vida diaria bajo la sombra del riesgo sísmico

Vivir en Tepozanes significa adaptarse a una rutina marcada por la precaución. Las familias han cancelado pagos al Infonavit debido a las malas condiciones, pero esto no resuelve el problema de fondo: la falta de un plan integral de rehabilitación. "Mi edificio terminó con afectación, pero no tan grave como para reubicarnos, entonces vivimos al día", confiesa Karla, cuya familia adquirió el departamento hace más de 20 años. El acuerdo con el instituto les permitió suspender los créditos, pero Infonavit se desentiende de las reparaciones, dejando a los propietarios en un limbo administrativo.

Este limbo se extiende a la salud mental de la comunidad. El estrés postraumático de 2017 persiste, exacerbado por la incertidumbre anual. Septiembre, en particular, se ha convertido en un mes de ansiedad colectiva. Recientemente, un incidente con una pipa explosiva en las cercanías simuló un temblor menor, provocando evacuaciones espontáneas y recordatorios dolorosos de la inestabilidad. "Cualquier cosa nos da miedo que se vaya a derrumbar", admite la vecina, ilustrando cómo eventos aislados amplifican el pánico en una zona ya vulnerable.

Intervenciones insuficientes de autoridades en Los Reyes La Paz

A pesar de las promesas iniciales, las acciones gubernamentales han sido esporádicas. Tras los sismos, hubo un seguimiento breve, con inspecciones y reubicaciones parciales para los casos más graves. Sin embargo, para familias como la de Karla, el apoyo se evaporó rápidamente. "Solo el seguimiento fue al inicio, y ya después, como todo, pasa a otra desgracia", señala ella, criticando la priorización de emergencias nuevas sobre problemas crónicos. El gobierno municipal de Los Reyes La Paz y el estatal han invertido en simulacros y alertas, pero faltan recursos para una reconstrucción masiva en Tepozanes.

Expertos en gestión de desastres urbanos recomiendan la demolición selectiva y la reubicación integral, pero la burocracia y los costos frenan estos planes. Mientras tanto, iniciativas comunitarias, como comités vecinales para monitorear grietas, llenan el vacío. Estas redes informales han salvado vidas al promover evacuaciones rápidas, pero no sustituyen una política de vivienda segura.

Lecciones de 2017 para la prevención en el Estado de México

Los sismos de 2017 expusieron fallas sistémicas en la planeación urbana del Valle de México, y Tepozanes es un caso emblemático. Más de 200 familias en riesgo destacan la necesidad de normativas más estrictas para construcciones en suelos inestables. Organizaciones civiles han presionado por auditorías independientes al Infonavit, argumentando que los créditos hipotecarios no deben ignorar evaluaciones geológicas detalladas. En este contexto, la resiliencia de los vecinos de Tepozanes se erige como un testimonio de supervivencia, pero también como un llamado urgente a la acción.

La economía local también sufre: muchos residentes, temiendo un colapso, evitan invertir en mejoras menores, perpetuando el deterioro. Niños como la hija de Karla crecen en entornos que limitan su desarrollo, con escuelas cercanas que comparten riesgos similares. Abordar esto requiere no solo fondos, sino una visión integral que integre seguridad sísmica con equidad social.

En los últimos años, reportes de medios locales han documentado casos similares en otras unidades del Estado de México, donde el eco de 2017 resuena sin resolverse. Investigaciones independientes, como las realizadas por asociaciones de arquitectos, subrayan que sin inversión sostenida, estos enclaves podrían convertirse en tragedias evitables. Vecinos consultados en encuestas informales coinciden en que el olvido institucional es el mayor obstáculo, un patrón que se repite en zonas vulnerables del país.

Finalmente, mientras septiembre trae vientos de remembranza, las familias de Tepozanes persisten en su lucha diaria. Historias como la de Karla, recogidas en coberturas periodísticas especializadas, ilustran la tenacidad humana ante la adversidad estructural. Fuentes cercanas al municipio mencionan planes tentativos para inspecciones futuras, pero sin compromisos firmes, el ciclo de temor continúa, recordándonos que la memoria sísmica no debe desvanecerse en la burocracia.