Las formas en la política mexicana marcan una diferencia esencial en cómo se ejerce el poder y se percibe la autoridad. En un contexto donde el protocolo no es mero adorno, sino reflejo de la democracia y el respeto institucional, el reciente retorno a tradiciones olvidadas durante el sexenio anterior resalta un giro hacia la inclusión y la seriedad. Bajo el liderazgo de Claudia Sheinbaum, presidenta de México, las celebraciones de septiembre han recuperado su esencia nacional, invitando a todos los poderes del Estado a participar, en contraste con el aislamiento impuesto previamente. Esta evolución no solo restaura el decoro, sino que subraya la importancia de las formas como fondo sustancial en la gobernanza, tal como lo planteaba el histórico Jesús Reyes Heroles.
El desprecio al protocolo: el legado de López Obrador
Durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, las formas en la política mexicana fueron sistemáticamente desechadas, priorizando un enfoque personalista que equiparaba al líder con figuras históricas como Hidalgo o Juárez. Este estilo, marcado por la arrogancia y el egoísmo político, eliminó la presencia de representantes de los otros poderes en eventos clave, como las fiestas protocolarias de septiembre, convirtiéndolas en actos exclusivos de su movimiento. La cancelación de invitaciones a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y al Congreso federal no fue un capricho menor; representó un asalto a la separación de poderes, central en la Constitución mexicana.
En este panorama, la Heroica Defensa del Castillo de Chapultepec, conmemorada el sábado pasado, sirvió como ejemplo paradigmático. López Obrador, en su afán por centralizar todo en su figura, transformó lo que debería ser una celebración unificadora en un monólogo de la Cuarta Transformación. Críticos argumentan que esta actitud no solo debilitó las instituciones, sino que fomentó un culto a la personalidad que rayaba en el delirio, colocándose al mismo nivel de las tres grandes transformaciones nacionales: Independencia, Reforma y Revolución Democrática. Las formas en la política mexicana, entonces, se convirtieron en víctima de un dogma que, como bien señalaba Florestán en sus reflexiones, es enemigo de la razón.
Recuperación de las formas: la visión de Claudia Sheinbaum
Las formas en la política mexicana han experimentado un renacimiento bajo Claudia Sheinbaum, quien en su primer acto conmemorativo invitó a Hugo Aguilar, presidente del Poder Judicial, a la panista Kenia López Rabadán del Congreso y a Laura Itzel Castillo por el Senado. Este gesto, aparentemente simple, restaura el equilibrio institucional y envía un mensaje de apertura. En la mesa de honor, la presidenta ocupó el centro, flanqueada por los secretarios de Marina y Defensa, con Aguilar a su derecha y López Rabadán a su izquierda, siguiendo el protocolo estricto que López Obrador había tirado "por el retrete".
Incluso pequeños incidentes, como el aplauso omitido inicialmente por Aguilar hacia López Rabadán, fueron corregidos con rapidez, demostrando madurez. Al día siguiente, el presidente del Judicial atribuyó el lapsus a una distracción, y pronto superó la tensión saludando públicamente a la diputada. Estas sutilezas resaltan cómo las formas en la política mexicana no son superficiales, sino herramientas para tejer cohesión. Sheinbaum, con su mensaje corporal de seriedad durante el Grito del lunes, evitó los excesos verbales de su antecesor, como el chillido de "¡Viva la 4T y muera la corrupción!", pronunciado mientras se descargaban millones de litros de combustible de contrabando en los muelles.
Protocolo en acción: detalles que importan
En el presídium de la ceremonia, todos los presentes se aplaudieron mutuamente al ser presentados, un ritual que refuerza la igualdad entre poderes. Este detalle, ausente en eventos previos, ilustra el compromiso de la nueva administración con la democracia representativa. Las formas en la política mexicana, al recuperarse, también invitan a reflexionar sobre su rol en la prevención de abusos de poder. Mientras López Obrador autoproclamaba su transformación como la cuarta en la historia, ignorando el legado colectivo, Sheinbaum opta por un enfoque humilde que incluye a opositores, como la panista López Rabadán, en el escenario nacional.
Unidad nacional y lucha contra la corrupción
Otro pilar en este cambio son los mensajes de los altos mandos militares. El almirante Raymundo Pedro Morales, secretario de Marina, intervino con una confesión dura: "Fue muy duro aceptarlo, pero hubiera sido mucho más imperdonable callarlo", aludiendo a la corrupción heredada en los niveles más altos. Sus palabras, pronunciadas en el contexto de las fiestas de septiembre, subrayan la necesidad de transparencia en las fuerzas armadas, un tema sensible tras escándalos de contrabando durante el sexenio anterior.
Por su parte, el general Ricardo Trevilla, secretario de la Defensa Nacional, llamó a la unidad nacional para desterrar conductas antisociales como la delincuencia, la discriminación, la drogadicción y la violencia. Este llamado resuena en un México dividido, donde las formas en la política mexicana pueden servir de puente para la reconciliación. Sheinbaum, al priorizar estos discursos, posiciona su gobierno como agente de cambio real, alejado del sensacionalismo que caracterizó a Morena en sus inicios.
Desafíos legislativos por delante
Las formas en la política mexicana también se extienden al ámbito legislativo. Los diputados tienen hasta el 20 de octubre para aprobar la Ley de Ingresos de la Federación, mientras que el Senado debe ratificarla antes del 31 del mismo mes. Posteriormente, la Cámara de Diputados sacará el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) a más tardar el 15 de noviembre. Con la mayoría oficialista en el Congreso, estas aprobaciones parecen aseguradas, pero el protocolo inclusivo podría influir en debates más equilibrados, evitando los atropellos vistos en legislaturas pasadas.
En este sentido, la recuperación de las formas no es solo simbólica; impacta en la economía y la gobernabilidad. Una Ley de Ingresos bien protocolada podría fortalecer la confianza inversionista, mientras que un PEF inclusivo atendería mejor las necesidades regionales, desde estados gobernados por la oposición hasta los alineados con Morena.
Reflexiones sobre el futuro institucional
Las formas en la política mexicana, al ser restauradas, abren la puerta a un debate más amplio sobre la Presidencia y las secretarías de Estado. Claudia Sheinbaum, al diferenciarse de su antecesor, no solo corrige excesos, sino que redefine el rol del Ejecutivo como facilitador, no como dominador. Este enfoque podría mitigar tensiones con gobiernos estatales y municipales de otros partidos, promoviendo una federalismo más armónico.
Además, en un panorama donde la seguridad nacional sigue siendo prioritaria, los énfasis en la unidad por parte de Trevilla recuerdan la urgencia de políticas integrales contra la violencia. Las formas en la política mexicana, así, se convierten en aliadas de la estabilidad, recordándonos que el respeto mutuo entre poderes es la base de cualquier transformación duradera.
Mientras tanto, observadores cercanos al Palacio Nacional destacan cómo estos eventos de septiembre han sido cubiertos en crónicas diarias que analizan el pulso del poder, resaltando detalles como los aplausos en el presídium o las intervenciones militares. En conversaciones privadas con analistas políticos, se menciona que fuentes como las reflexiones de Florestán sobre el dogma en la política siguen vigentes, inspirando lecturas que cuestionan el egoísmo pasado. Finalmente, retales de información legislativa filtrados a través de despachos en San Lázaro y el Senado subrayan que, pese a las mayorías, el diálogo protocolario podría alterar el curso de las aprobaciones presupuestales este otoño.


